Los cuatro muros que formaban su habitación era el único lugar donde se sentía protegida, fuera de ellos el temor le acechaba a todas horas. La inseguridad que le suponía dar tan siquiera dar un paso hacía delante era cada vez mayor y ya no sabía como luchar contra el miedo pues el temor le recorría el cuerpo cada instante de su vida. Mientras las manecillas del reloj se movían, ella se lamentaba y aterrorizaba por lo que iba a venir; siempre había sido así reservada, tímida y muy insegura. Cuando comenzaba a ver la luz en un camino daba media vuelta, retrocedía sobre sus pasos hasta volver a su posición inicial, al cero, la nada. Nada era lo que tendría si continuase así, sin realizar ningún movimiento, sin seguir hacia delante con su vida y temiendo al futuro pues tarde o temprano llegará. Llegará y tú tendrás que estar ahí, firme ante él y sin dejar que te arrastre.